Un temita sobre el amor a primera vista.
El amor a primera vista, independientemente de nuestro estado civil, nos hace poner en el ánimo el sentimiento de intensa atracción emocional que, en la mayoría de los encuentros, termina en una maravillosa turbación.
En una conferencia para madres solteras.
El atractivo conferencista, a manera de resumen, les dijo.
La afirmación de la vida del niño presenta dos aspectos:
El primero es el cuidado y la responsabilidad para la conservación de la vida del niño y su crecimiento.
El segundo es la actitud de inculcar en el niño el amor a la vida, el amor a Dios y el amor al ejercicio al bien.
Para una señora bien casada y con un hijo pequeño que asistió a la conferencia haciéndose pasar como madre soltera, el simpático conferencista, había dicho aquello que su alma deseaba que dijera.
La señora bien casada, haciendo que parezca pura casualidad, se encontró con él y como aprovechando la ocasión, lo felicito por dominar la materia.
Él, sonriendo alegremente, le dijo.
Sólo me inspiré en su aspecto de mujer optimista que, basada en lo que tiene, adopta la actitud para afirmar a su hijo que la vida es buena y, a la vez, para seguir conservando, pese a los cambios inexorables, su gran hermosura, todos los encantos, las perfecciones y la delicadeza exquisita.
Ella, por ser casada, le respondió.
Apelo a su honor, ese honor que no dudo que usted posee, para que olvide sus palabras, cosa que también haré yo.
Él, muy respetuosamente, dijo.
Ni una sola palabra, ni el más insignificante de sus gestos podré yo olvidar nunca. No, no los olvidaré.
Ella se dio cuenta de que aquel breve diálogo les había unido estrechamente.
Lo que él había dicho no solo deleitó a su alma sino también resaltó su valía y puso en su ánimo el estado de alegría que motivaron a la mente a entrar en fantasías que le hicieron experimentar una deliciosa turbación.
La deliciosa turbación desaparecía por la sensación de profunda vergüenza, dado que, ella siempre se consideró intachable, pero justificó su comportamiento, ya que, en resumidas cuentas, no había ocurrido nada.
Pensó que era tan tonta que una cosa tan natural e insignificante le haya impresionado y hecho desconfiar de su rectitud.
Al llegar a la casa, ante la presencia del esposo, se dijo a sí misma: __No hay nadie como mi esposo: recto, noble, buen trabajador, buen padre. Decía aquello como afirmando su amor hacia el esposo y, sin embargo, le vio las orejas más largas que antes.
Cada día que pasaba, sentía que en su interior había revivido el amor; y su alma tampoco olvidaba ni una sola palabra.
Usted conserva su gran hermosura, todos los encantos, las perfecciones y la delicadeza exquisita.
Ni una sola palabra, ni el más insignificante de sus gestos podré yo olvidar nunca. No, no los olvidaré.
Y él descifraba lo que ella realmente pedía.
Moraleja:
La clave del amor no está en encontrar a la persona atractiva sino en aprender a amar a la persona elegida.
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