Muéstrate tal como eres en realidad.
Cuando era adolescente, vivía acompañado
por la familia, pero sentía soledad y deseaba encontrar a la chica que yo le
guste y, habiendo tantas, a ninguna le gustaba.
Muchas personas inestables, que son la
mayoría, me decían muéstrate tal como eres en realidad y ya veras que
encuentras a la chica pero por más que me mostraba tal como era no encontraba a
ninguna chica, de manera que, las personas, con su amor neurótico, querían
reformarme para que sea como ellos y sufrían por mis menores defectos pero gozaban
ignorando sus grandes defectos. y cada uno con su desgracia trataba de
reformarme mediante el ejemplo: Decían que la vida es una sola, y se deleitaban
en lo extravagante y, en vez de enseñarme, alimentaban a la desgracia.
A un grupo de personas estables, que son
la minoría, les manifesté que deseaba encontrar a la chica que me ame y ellos
me dijeron que tengo que avanzar más arriba que la multitud, sorprendido,
acepté y recibí el cuidado respetuoso y responsable, ya que, estas personas por
su amor genuino tienden al crecimiento y la felicidad de los demás, de manera
que, me enseñaron a aplicar el esfuerzo activo para hacer lo necesario para ser
la persona paciente que persevera en lo sensato y obtiene la plenitud de la
dicha a fin de mostrarse tal como se es en realidad.
Y sin embargo deseaba encontrarme con la
chica que me ame.
Las personas inestables, con su
desgracia bien alimentada, me decían: Si no te hubiesen desertado ya estuvieras
con la chica amándote y se reían y me hacían bullying.
Las personas estables me decían que la
solución para el problema del amor no es el encontrar a una chica, sino el de
una capacidad del alma que se debe crear y desarrollarla y que a cada persona
buena, en su época justa, se manifiesta para que disfrute de los placeres de la
vida.
¡Ay mi Dios! No sabía cómo crear al amor
ni cuál era la época justa.
Las personas inestables me decían:
Aprovecha la juventud y deléitate locamente que la vida es corta.
Las personas estables me decían: Sé
paciente y persevera en lo sensato para que obtengas la plenitud de la dicha.
Cuando el deseo me estaba impulsando al
deleite, cambié de actitud. Ya no quería a la chica para que me ame sino para
amarla y ser amado.
Y comencé a frecuentar por los puntos de
encuentro de los jóvenes, mostrándome tal como era en realidad, o sea,
presentándome con una actitud amorosa. Pasó poco tiempo y comencé a sentir que
amaba y que era amado y que juntos hacíamos lo necesario para llegar donde
pocos han llegado.