La dulce venganza.
Los personeros de la educación y de la iglesia escogían
a los niños para los papeles y lo hacían en función de la predilección, de
manera que, a mí no me pusieron en los personajes del bando de Jesús ni en el
de los romanos ni de los herodes y, tampoco, en el de los principales judíos, pero
sí en el bando de los soldados y judíos siervos y chabacanos.
En los ensayos nos pedían que actuemos como que
estuviéramos viviendo aquellos momentos de barbarie ultrajante a la esencia
misma de las persona.
El día Viernes Santo por poco me sacan la oreja cuando
los soldados, el tribuno y los alguaciles prendieron a Jesús.
Con el dolor del oído me acercaba para hacerles saber
que las acciones fueron bárbaras y no parecidas pero no me acerqué porque alcancé
a escuchar decir al que hacía de Pedro: __Le di duro al Malco __Ese papel lo hacía
yo__. Y, después, vi la aprobación expresada con la mano, del que hacía de
Jesús: ¡biénnnnnnn¡ Y no me quedo más que aguantar el dolor en silencio.
Me puse el cucurucho para parecerme a los flageladores
y cuando estaba, el que hacía de Jesús,
con la corona de espinas, el manto, vendado y con las manos amarradas, entre
tanto, los demás aparentaban azotarle, yo le flagelaba bárbaramente.
Después que le quitaron la venda, a amenazó de muerte:
__Considérate muerto cucurucho bárbaro.
Y, yo, motivado con el personaje alegórico, le
castigué con barbarie ultrajante.
Cuando pidió que observe que solo era una actuación:
__¡Oye cucurucho¡ No estamos en la Santa Inquisición.
Y te recuerdo que es una actuación y no algo personal.
Yo sabía que
era una actuación pero por lo pecados (injusticias) cometidas por él, durante el
tiempo de la escuela, por ser hijo del profesor y dirigente del curso, le
golpeé cruelmente.
Cuando me pidió de favor que ya no le pegue:
__Ya párala, ya me has pegado bastante. Te pido de
favor. Conduélete de mí.
Entonces le flagelé suavemente. Y cuando cargaba la cruz a cuestas, rumbo al Gólgota, me decía:
__Si te ofendido gravemente, perdóname. No lo volveré hacer…
Entonces le pegué actuando, hasta antes que le
pusieron a Simón a cargar la cruz, de manera que, cuando iba a ver el cambio le
ataqué con dureza como en aquellos momentos de barbarie ultrajante a la
dignidad y al valor de las personas.
Después cuando se dieron los reclamos:
Dijeron que a él, yo le había golpeado
como le golpearon los judíos a Jesús.
Les respondí que faltó porque sus
pecados eran bastantes; como la paliza que recibió Jesús, fue poca, comparada con
la cantidad de pecados de la humanidad.
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