Sólo hay una prueba de la presencia de amor: la hondura de la relación y la vitalidad y la fuerza de cada una de las personas implicadas; es por tales frutos por los que se reconoce al amor.
Peterson al sentirse respetado comenzó a corresponder por creer que Marielisa al fin había dejado esa proterva permisividad conflictiva, se comprometió a sí mismo a tener: un modo de vida adecuado, buenas acciones, actitudes positivas, modos de expresión correctos, una adecuada visión de las cosas, buenas intenciones, buenos pensamientos y entretenimientos sanos.
Marielisa, después de llevar a sus hijos donde sus padres, llegó un poco antes que Peterson a la casa y aunque no le gustaba perder tiempo viendo televisión y hojear el periódico, preparó, entre otras cosas, “palomitas de maíz” para ver televisión y hojear el periódico junto a él sin chistar palabra, a ver si en algún momento podían hablar.
Peterson, al ser tratado con respeto tenía que tratrarla respetuosamente y para tener un modo de vida adecuada se determinó a dejar la televisión y el periódico para escucharla a Marielisa hasta que, buenamente, pare de hablar.
Marielisa, sorprendida con la actitud de Peterson, tuvo que echar mano a las técnicas cautivadoras, para dar a entender que todo estaba en orden y que deseaba ver televisión y leer el periódico junto a él.
Peterson, sorprendido con la actitud de Marielisa, interpretó que estaba deseosa de sexo y, por más que ella le pedía seguir viendo televisión y hojeando el periódico tal como él lo hacía todos los días, la llevo a la cama.
Marielisa, puso cierta resistencia porque no estaba en su mente la satisfacción de sus necesidades lascivas, pero tuvo que ceder y actuar con movimientos y acciones desenfrenadas para alcanzar el gran placer a fin de no tener que angustiarse en secreto.
Peterson, se sintió un apasionado conquistador y complacido con alegría, ternura y dulzura, que por reciprocidad, con su cuerpo adiestrado eróticamente, le dio deleite, excitación y gran placer.
Marielisa, con la sensación más bien de angustia que de placer por no haber logrado lo que se había propuesto conseguir la solución al problema: no podía lograr que Peterson la entendiera, se volvió a sus quehaceres de todos los días.
Peterson, con el gran placer dado, creó haberla convencido que estaba equivocada con esa actitud de permisividad conflictiva, de manera que, se entregó al descanso reparador.
Marielisa para poder acostarse lo movió a Peterson para despertarlo.
__¿Qué ocurre? __Preguntó Peterson asustado.
__¡Estás atravesado en la cama! __ Incriminó Marielisa.
__¡Lo siento! __Lamento Peterson.
__¡Siempre es lo mismo! __ Protestó Marielisa.
__¿Qué cosa? __ Averiguo Peterson.
__¡Tomar ventaja sobre mí! __Reclamó Marielisa.
__¡Pero yo estoy dormido! __ Refutó Peterson.
__¡Aprende a dormir en el puesto que te corresponde! __ Reprochó Marielisa.
__Después te quejas de mi mal humor __Acusó Peterson.
__¿Pero, cuándo vas a dejar de hacerme daño? __Reclamó Marielisa.
__¡Tu daño diario es el desencanto de tu cabello! __ Satirizó Peterson
__¡Siempre andas buscando faltas en mí para disminuirme! __Refunfuño Marielisa.
__Yo no tengo la culpa de ser el mandatario de la casa __Afirmó Peterson.
__Sí. Tú eres el mandatario, porque, yo y mis hijos, somos los mandantes__Contrarió Marielisa.
__El respeto a la cabeza del hogar viene desde la primera mujer: Eva__ Aseguró Peterson.
__La primera mujer no fue Eva, sino la de la creación que está en Ge:1.28. __ Rebatió Marielisa.
Desayunaban radiantes de alegría lo que Marielisa había preparado con mucho gusto.
__ ¿Qué planes tienes para la tarde __ Marielisa preguntó cautelosamente para que se entendiera bien sus motivaciones.
__ ¿Por qué te tengo que decir siempre lo que voy a hacer? __Peterson le dijo bruscamente.
__ ¡Solo preguntaba a ver si querrías hacer algo en la tarde! -__Marielisa le dijo controlando su cólera.
__No sé por qué esperas que te diga todo lo que voy a hacer __ Peterson dijo, aún más enojado.
__¿Por qué te enojas? Yo nunca dije que me lo tuvieras que decir todo __Contestó Marielisa.
__Yo no estoy enojado. ¡Tú siempre exageras las cosas! __Aclaró refunfuñando Peterson.
__Yo no estoy exagerando nada. Lo único que hice fue preguntar… __ Marielisa razonaba pero fue callada.
__¡No trates de negarlo! ¡Siempre haces lo mismo! __ Peterson la acusó gritando fuertemente.
Después de uno segundos de torpe silencio, Peterson, golpeó la mesa con el puño y continuó gritando.
__¿Por qué no te callas la boca y dejas el tema? ¡No tienes ni idea de lo que significa ser una esposa obediente y probablemente seas demasiado bruta como para que alguna vez lo entiendas.
__Está bien, Peterson, ahí lo dejo __Marielisa le dijo porque ella podía controlarse.
__No te vas a zafar tan fácilmente. ¡Siempre quieres decir la última palabra! __Amenazó Peterson.
__¡Bueno, he dejado el tema!__ Marielisa le dijo adoptando indignación para contenerlo.
Marielisa siguió tratando de explicarse, ¿el por qué no podía razonar con Peterson? Él insistía en torcer lo que ella decía y decirle más cosas denigrantes. Marielisa soportó otro abuso verbal pero de menor intensidad que los sufridos y, esta vez, lo toleró sin sentirse culpable, empequeñecida, despreciable, confundida, humillada, castigada y considerándose bruta.
Marielisa siguió preguntándose ¿por qué Peterson no podía lograr entenderla? ¿Y por qué Peterson tenía como mecanismo de defensa el abuso verbal?
Le ponía bajo un temporal de críticas, amonestaciones y reprimendas:
• Atacaba a sus deficiencias para restarle méritos a los resultados de sus funciones y menospreciarla.
• Rechazaba a su comportamiento honesto, modesto y recatado con escándalos amedrentadores que debilitan, derrotan y aterrorizan.
• Arremetía agrediéndola indirectamente al dar poca importancia y condenar su punto de vista, para frustrarla.
• Combatía culpándola de las cosas mal hechas para confundirla y castigarla.
• Injuriaba subestimando sus conocimientos, gustos y estilos, para hacerla sentir bruta e inculta.
Marielisa, se dio cuenta que solo consiguió, con las auto preguntas, recordar el mal comportamiento con el abuso verbal; y en su perplejidad del razonamiento apareció lo que leyó alguna vez en el arte de amar de Erich Fromm: “La actitud de la madre, absorbente y destructiva, constituye el aspecto negativo de la figura materna. La madre puede dar vida, también puede tomarla. Es ella quien revive, y ella quien destruye; puede hacer milagros de amor -y nadie puede herir tanto como ella-.”
Hizo memoria sobre Peterson:
• Recordó que vivía solo y que deseaba ser amado.
• Rememoró que ella lo complacía en todo.
• Repasó cuando él se volvió seguro, afectuoso, encantador y vanidoso por las ideas de grandeza, honor y gloria.
• Y se acordó de las salidas con otras mujeres por asuntos de trabajo.
Busco cuando comenzó con el abuso verbal:
Repasó aquella situación, después de darle el toque femenino al orden de la casa, o sea, ordenando al gusto de Peterson, le llegó el deseo vehemente de ayudarlo a realizar las ideas de grandeza, honor y gloria.
• Necesitaba su espacio.
• Quería sentirse amada, protegida y respetada.
• No estaba dispuesta a tolerar a que él salga solo con otras mujeres.
Y recordó que Peterson, al no ser halagado ni admirado por las ideas grandiosas y enterarse de su posición, se sintió herido, desilusionado y pensó que ella lo odiaba, que ella era celosa, egoísta y dominadora; este fue el punto de partida del abuso verbal.
Peterson con el reconocimiento de la dignidad y derechos iguales de su esposa, hacía conciencia que a veces nos sorprendemos a nosotros mismos y no sabemos del mal que padecemos hasta que nos vemos obligados a descubrirlo y radiante de alegría y sonriendo con todo el alma, confesaba.
Vi a una chica adorable que inspiraba amor a cuantos la veíamos y, sorprendentemente, respondió al mío que me pareció haberla conocido desde que nací.
Adorarla era muy poco porque demostraba el amor en las atenciones gentiles, consentimientos generosos y consuelos tiernos que llegaba al alma; y, aunque me parecía poco, fui muy afectuoso y encantador para seguir con la protección, el amor, el calor, el cuidado y la admiración, lo que confirmaba que había encontrado a la mujer que me elevaría a la cima del éxito.
Al sentirme amado me llegaron ideas grandiosas y gran cantidad de afecto y encanto hacia ella, porque sería la gran mujer que me encarrile hacía mis aspiraciones de éxito; y yo me comportaba con una conducta afectuosa y con deseos de complacer sus exigencias materiales para la vida digna como prueba de mi “amor genuino”.
Pero resulta que por cuestiones del éxito era invitado a reuniones sociales por mujeres simpaticonas que ella confundía con asuntos amorosos y no estaba dispuesta a tolerar mis asuntos “amorosos” con otras mujeres; y dejó de responder a mis aspiraciones y a reclamar una vida propia para sentirse amada y protegida.
No podía imaginar su actitud ingrata, que no me queda otra que quejarme amargamente y, además, los conflictos y resentimientos que me sentía hondamente herido, desilusionado, que racionalicé a ese sentimiento con la idea de que ella no me amaba, que es egoísta y dominadora.
Y después de tanta lucha me ganó al decirme que yo confundía a mi conducta afectuosa y a los deseos de complacer, con genuino amor y a mi falta de amor, con mi actitud diferente a la de mi madre admiradora de su hijo encantador.
Y finalmente me puso a leer el arte de amar de Erich Fromm, y lo que más me llegó es esto: “El amor sólo es posible cuando dos personas se comunican entre sí desde el centro de sus existencias, por lo tanto, cuando cada una de ellas se experimenta a sí misma desde el centro de su existencia. Sólo en esa "experiencia central" está la realidad humana, sólo allí hay vida, sólo allí está la base del amor. Experimentado en esa forma, el amor es un desafío constante; no un lugar de reposo, sino un moverse, crecer, trabajar juntos; que haya armonía o conflicto, alegría o tristeza, es secundario con respecto al hecho fundamental de que dos seres se experimentan desde la esencia de su existencia, de que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos. Sólo hay una prueba de la presencia de amor: la hondura de la relación y la vitalidad y la fuerza de cada una de las personas implicadas; es por tales frutos por los que se reconoce al amor.”
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