martes, 28 de mayo de 2013

Cargos de conciencia



La frialdad humana, en un vuelo Miami New York, lo estaba tomando como algo personal a la forma de comportarse de los pasajeros, iguales a mí, y del servicio de las azafatas.

Con el desarrollo personal integral mi orientación productiva amorosa alcanzaba la dimensión debida para mirar fraternalmente a todo prójimo; y, sin embargo, se estableció la intemperancia.

Sensación activada por energía negativa; malos humores, resultados de los pareceres desfavorables a los americanos, que incitaban a la imaginación creadora a armar un escenario escandaloso por represalias a los yanquis presuntuosos.

La imaginación creadora movilizó al reino animal que contaba con el poderío de las facultades vegetativas, motrices y sensitivas para montar un puente con los apetitos, que una al cuerpo y al ánimo, para impulsivamente mover a la voluntad hacia la dulce venganza; y con ademanes obscenos insultarles a los pasajeros y servidores descorteses y relumbrones.

El reino racional alarmado por las imaginaciones de barbarie ultrajante a la conciencia humana, con las facultades del intelecto y las de la voluntad, activó a la razón y a los hábitos ordenados racionalmente para la subordinación firme del reino animal a los principios racionales basados en los Derechos Humanos para el reconocimiento de la dignidad y los derechos iguales de los demás.

De tal tensión interna, la conciencia, tomó lectura del poderío de los reinos: del reino animal, hizo conciencia que estaba casi, casi, en su estado natural dado que la educación no lo ha pulido ni lo ha suavizado, y por tal estado, la intemperancia fácilmente generaba turbaciones, y del reino racional, hizo conciencia que por sus escasos principios y hábitos ordenados racionalmente a la prudencia le hacía difícil manejar y superar los problemas causado por las turbaciones de las pasiones y los deseos.

La conciencia basada en los resultados: prudencia con su supremacía ligera por su moderación, cautela, sensatez y buen juicio, no lograba una buena percepción de las cualidades de las personas; y la intemperancia apenas desigual, por sus arranques de altivez, impulsos, arrebatos y caprichos, daba cualidades impropias a las personas, prescribió que la perfección del alma estaba en peligro.

De manera que, el reino racional, para evitar los cargos de conciencia, mediante el espíritu armó un puente y se conectó con la fuente de la unidad del proceso del mundo para recuperar las facultades del alma: apetitivas, emocionales, sabias, imaginativas e intencionales, y  perfeccionarla mediante el amor a Dios y el ejercicio del bien.   

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