lunes, 1 de abril de 2013

La Envidia

La Envidia

En las personas felices el bien ajeno, es bien visto; pero en las desgraciadas, es mal visto. La envidia es un mal propio motivado por el bien ajeno.

 
En el libro las mil y una noches _en las noches quinientos veinte y cinco hasta la quinientos cincuenta_ está el cuento de las hermanas que conversaban, matando al tiempo a la luz del candil, supuestamente de lo más sano.

Las tres hermanas conversaban acerca de los deseos de cada una:

La mayor por sus aspiraciones humildes, deseaba casarse con el panadero del rey; la segunda por sus ambiciones nobles, con el cocinero; y la menor, por pensar a lo grande, deseo casarse con el Rey.

El rey, que estaba de ronda escuchó la conversación de las hermanas, días después ordenó que comparezcan al palacio.

Después de la comparecencia ante el rey, las dos hermanas mayores no estaban conformes que la hermana menor sea reina y ellas esclavas; y se confabularon para turbar su alegría y ocasionarla desgracias, penas y humillaciones.

Las envidiosas mediante sus esposos, llegaron al rey para pedirle que les permita atender a la Reyna en los partos, ya que, nadie cuidaría mejor que sus hermanas.

En el primer parto colocaron en una canasta al niño y le tiraron al río y entregaron un gato muerto; al segundo niño también fue aparar al río, y entregaron un perro muerto; y a la niña del mismo modo le colocaron en el río, y entregaron un leño seco.

Para el beneplácito de las hermanas mayores, el rey castigo a la reina, encerrándola en una garita construida a la entrada de la iglesia para que antes de entrar primero la insulten y a la escupan.

El jardinero mayor del palacio, después que le permitieron dejar definitivamente el trabajo, se fue a vivir alejado del palacio, en su casa de campo. Y no cabía de gozo al ver a sus hijos adoptivos parecer príncipes: Bahmán, Pervis y Parizada; los mismo que fueron encontrados en el río como un regalo de Dios, ya que, su esposa era estéril.

A la muerte de sus padres adoptivos -los dos príncipes y la princesa- con mucha dificultan, consiguieron para el jardín -que incluía un bosque de caza- un pájaro que hablaba, un árbol que cantaba y una fuente con un surtidor mágico que el agua subía y caía como un hongo y no se desbordaba.

El rey al ir de caza necesariamente tenía que pasar por un sitio estrecho que, justamente los príncipes estaban en el sitio, y el rey al recibir el saludo con el esplendor de la gracia y el de la distinción, se impresionó que les pidió que le acompañen a la sesión de caza.

La impresión del rey aumentó cuando los chicos respondían mejor que fueran sus hijos y mencionaban a su hermana con un amor más bien venerable que respetable; y para ver donde vivían, con el pretexto de conocer a la hermana, pidió que le inviten.

La princesa hablo con el pájaro respecto a la comida que debía brindar al rey. Y, entre las otras cosas especiales, iba una ensalada de pepinos rellenos de perlas.

Cuando el rey visitó la casa de los príncipes quedo asombrado, sobre todo por el jardín que tenía parecidos con los del palacio y cuando escuchó al pájaro hablar: _Bien venido sea el Rey! _Exclamó_. !Que Dios lo colme de prosperidad y aumente el número de años! Y al puro estilo de un director de orquesta, puso a los pájaros y al árbol a cantar maravillosamente y a la fuente a bailar.

El Rey, al sentarse a la mesa, se dirigió al pájaro para declararle rey de los pájaros.

Cuando vio el relleno del pepino, fue grande su asombro por las perlas en vez de un relleno ordinario: _Qué extraño! _exclamó_. Un relleno de perlas? !Si las perlas no se comen!

_Señor, ¿es posible que su Majestad se muestre tan asombrado de un relleno de perlas que ve con sus propios ojos, cuando tan fácilmente creyó que su esposa había dado a luz un perro, un gato y un leño? _Expresó el pájaro_.

El Rey fue a la iglesia a pedir perdón a la Reina y la llevo al Palacio para que recobre el rango que le corresponde con todos los honores que le eran debidos y le dio la oportunidad de castigar a las hermanas envidiosas.

La Reyna primero se ocupó de ejecutar a sus hermanas envidiosas mediante descuartizamiento para luego recibir en palacio a sus hijos los príncipes: Bahmán y Perviz, y a la princesa Parizada.

La Reyna enseño a sus hijos a pensar en lo atractivo, bueno y bello, a fin de que vean con buenos ojos al bien ajeno y que, sin emabgo, tienen que tomar medidas para que la felicidad no se deteriore ni se pierda, ni siquiera por la envidia.

Fin.

Le recomiendo leer el cuento completo.
Tobypalaciosr@hotmail.com

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