jueves, 15 de marzo de 2012

Mujer burlada guerra asegurada

Mujer burlada guerra asegurada

El desarrollo personal de las mujeres para sobresalir socialmente, en los tiempos pasados, era muy difícil debido a los obstáculos que las leyes, las costumbres y los pareceres ligeros crearon en contra de las mujeres, por desconocimiento de su valía y por el menosprecio hacia su naturaleza y, entre otros, tenemos los obstáculos siguientes:



En Siglo XVI, Enrique VII, rey de Inglaterra, jefe de la Iglesia Anglicana, decretó que “Los niños, los idiotas, los lunáticos y las mujeres no pueden y no tienen capacidad para efectuar negocios.
Y Lutero, teólogo alemán, reformador protestante, señaló que “El peor adorno que una mujer puede querer usar es ser sabia.”

En el primer siglo de la nueva era, año 67 d.C, San Pablo, apóstol cristiano, enseño "Que las mujeres estén calladas en las iglesias, porque no les es permitido hablar. Si quisieran ser instruidas sobre algún punto, pregunten en casa a sus maridos.”

En la era anterior, en el Siglo IV a.C., Aristóteles, filósofo griego, descubrió que “La naturaleza solo hace mujeres cuando no puede hacer hombres. La mujer es, por tanto, un hombre inferior."

En los tiempos de Moisés, establecieron la Ley Mosaica, a la mujer por adulterio, la sentenciaban a la pena de muerte por lapidación.

Y los tiempos del Patriarca Jacob la Ley del levirato, a la mujer por adulterio, la sentenciaba a pena de muerte en la hoguera.

Y sin embargo existieron muchas mujeres que sobresalieron y una de ellas es Tamar, mujer audaz y decidida, que, por exigir a su suegro lo que por ley le correspondía, fue devuelta a la casa de su padre. Pero Tamar poniendo en riesgo su vida logró hacer justicia por su cuenta.

La Ley del levirato estipulaba, entre otras cosas, lo siguiente: "Si dos hermanos comparten el mismo techo y uno de ellos muere sin dejar ningún hijo, la viuda no podrá casarse con ningún hombre de otra familia. El hermano de su marido deberá tomarla por esposa, y así cumplir con ella su deber de cuñado…”,

Y por tal ley, después del matrimonio arreglado, Tamar fue a vivir con Er, su esposo, en casa de su suegro Judá __hijo del Patriarca Jacob__ y su esposa y sus dos cuñados: Onán y Selá.

Tamar se declaró resuelta a lograr el progreso de toda la familia y a elevar el nivel de su vida pero Er, su esposo, todo lo contrario, adoptó una mala conducta con prácticas de barbarie ultrajante a la conciencia, a tal punto que, antes de tener hijos, murió.

Su suegro Judá, ordenó a Onán, su segundo hijo, a que se una con ella en cumplimiento con su deber de cuñado.

Tamar con su nuevo esposo también adoptó buena conducta y Onán, asimismo, adoptó una mala conducta con prácticas que evitaban el embarazo, de manera que, antes de tener hijos, también le llegó la muerte.

Judá, asustado por sus dos hijos muertos, antes que Tamar le exigiera a Selá, su tercer hijo, al margen de la ley le ordenó a Tamar que se quede viuda en la casa de sus padres hasta que Selá cumpla la mayoría de edad. Pero Judá, aunque Selá cumplió la mayoría de edad, no ordenó a que se una a su cuñada, ya que pensó que también se moriría, y entre tanto cuidaba al hijo, su esposa murió.

De manera que, Tamar percibió en los acontecimientos sucedidos como favorables para poner sus medios en ejecución un hecho, aparentemente condenable, que le ayudó a que su suegro, sin que se diera cuenta, reparará lo que impidió a su hijo darle a ella lo que consideraba la aspiración más elevada.

Tamara sintiéndose triunfadora ante su suegro y hasta desafiante con su pueblo que cada día se sorprendía más y más hasta que, con algarabías y en tumulto, acudió donde Judá a decirle que: ¡¡¡ Su nuerita se ha acostado con otros hombres y se ha embarazado!!!

Entonces Judá, aplicando la ley con rigor y gritando sentencio que la saquen de la ciudad y la arrojen en la hoguera.

Y, sin embargo, Tamar muy tranquila pidió su último deseo. Que consistía en enfrentarse con su suegro Judá para poner en su conocimiento que ella le iba a dar descendencia, ya que, con su hijo Selá no fue posible lo hizo con él mismo.
De manera que, Judá después de comprobar que lo que decía Tamar era verdad, declaró solemnemente que él hizo mal y que ella bien y, además, declaró que nunca más lo haría para evitar el incesto.

La relación entre la nuera y el suegro, en vez de condenable, como el pueblo lo interpretaba, resultó salvadora, ya que, aseguró la supervivencia del que sería más tarde el linaje davídico y por ende el de Jesucristo.

Esta historia relatada a mi manera, tiene la sana intención de invitarlos abrir la Biblia, Génesis, capítulo 38, y lean completa esta maravillosa historia de Judá y Tamar.

Atte.,
Tobías Palacios
Tobypalaciosr@hotmail.com

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