Busqué, al igual que otros, el amor afuera para proporcionar a mi vida la felicidad; pero encontré amores superficiales que me hicieron sentir que no era del todo feliz. Confuso persistí hasta que el amar me resultó un acto agotador. Los inquietos igual disfrutaban, alimentando a la desgracia; los pacientes disfrutaban del recogimiento, alimentando a la soledad. Y yo aprendí amar para ser amado, alimentando el nivel de consciencia para consagrar a mi vida la felicidad completa.
viernes, 10 de septiembre de 2010
La gran empresa debe satisfacer las exigencias de la moral y el bienestar social.
Aplaudo, bien intencionadamente, a todos los dueños de la gran empresa, dado que, aplicando la máxima de John F. Kennedy “No preguntéis qué puede hacer vuestro país por vosotros, preguntad qué podéis hacer vosotros por vuestro país” han superado las modificaciones y neutralizaciones impuestas por el gobierno y, si bien la economía ecuatoriana sigue teniendo problemas estructurales serios, ustedes estan aprovechando las escasas oportunidades de desarrollo económico y social existentes para, unidos con la pequeña y micro empresa, fortalecer al sistema económico a fin de que la cultura de la política ecuatoriana logre establecer una sociedad respetable y con progreso en el concierto internacional de las naciones.
Pero el optimismo de los ejecutivos de la gran empresa, venido del esfuerzo eficaz, sobrepasa a las justas exigencias de la moral y el bienestar social, dado que, la gran empresa perjudica a la pequeña y micro empresa.
La gran empresa siendo la fuerza mayor, que mueve el aparato productivo de la estructura económica del País, detiene la actividad de la pequeña, en circunstancias que la gran empresa requiere de la pequeña y micro empresa, ya sea, por productos o servicios, ofreciendo comprar volúmenes atractivos, trato decente en las negociaciones y pago puntual; y obviamente esta posibilidad de contribuir a la sociedad a través de la gran empresa, nos pone en un estado de ánimo alegre, a tal punto que damos gracias a Dios.
Pero la euforia se convierte en incertidumbre y maldecimos la desgracia, cuando para recuperar los valores de la negociación, hay que esperar: primero, los treita días acordados; después, los noventa días impuestos por ellos; y finalmente esperar que se apiaden, para que se dignen en pagar.
Este comportamiento de los ejecutivos de las empresas de gran prestigio, visto desde la pequeña y micro empresa, parece que fuesen despiadados financieros que envían a la quiebra a la pequeña y micro empresa para alcanzar fama.
De manera que, les sugiero a los dueños de la gram empresa que apliquen los principios de la ética en su dimensión de honestidad, integridad y justicia, porqué cumplen con el requisito de satisfacer a las justas exigencias de la moral y el bienestar social.
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