Ayer, me puse a reflexionar acerca de la perfección del alma y caí en cuenta que mi orientación productiva amorosa no alcanzaba la dimensión debida para amar a todo el prójimo con humildad, coraje, fe y disciplina, de manera que, aquella necesidad amorosa insatisfecha generó sensaciones: de bienestar, a la parte animal y de malestar, a la parte racional.
Estas sensaciones, de bienestar y de malestar, encontradas se agitaron y motivaron a la imaginación creadora a armar escenarios de tensión entre las dos partes. El reino animal, por llamarlo así, a la parte animal que todos tenemos, se impulsaba hacia las tendencias sensitivas y apetitivas actuales: el irrespeto a los Derechos Humanos que impulsa al reconocimiento de la dignidad y los derechos iguales de todos.
El reino racional, movido por la tendencia del reconocimiento de la dignidad y los derechos iguales de los demás, se determinó hacia la subordinación en firme, al reino animal, a los principios y a los hábitos organizados racionalmente.
Por tal situación interna, la psiquis, o sea, el alma, animada por el espíritu, se puso a buen recaudo para observar y contemplar el poderío del reino racional, ya que, de aquel reino dependía su perfección.
El reino animal comandado por el corazón y por contar con el poderío de las facultades vegetativas, motrices y sensitivas montó un puente, con los apetitos, para vincular lo material con lo inmaterial, a fin de lanzar impulsos capaces de mover a la voluntad a determinarse hacia el desconocimiento de la dignidad y dererchos iguales, dado que, sólo es hipocrecía.
El reino racional, comandado por la conciencia y por contar con las facultades del intelecto y las de la voluntad, ejercitó la razón y los hábitos organizados racionalmente para el reconocimiento a toda persona de sus derechos y libertades, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
El alma observó y contempló las fuerzas de los reinos que determinan las condiciones para su perfección. Y definitivamente eran tensionados debido a que el reino animal estaba casi, casi, en su estado natural dado que la educación no la ha pulido ni la ha suavizado, y por tal razón, fácilmente generaba turbaciones, y por otra parte, el reino racional, por sus escasos principios y hábitos organizados racionalmente le hacía difícil manejar y superar los problemas causados por las turbaciones de las pasiones y los deseos, de manera que, la supremacía del reino racional, ante el reino animal, era muy ligera.
De manera que, el alma advirtió que estaba en peligro, debido a la incapacidad del reino racional, de quien dependía su perfección, ya que, le faltaba poder para subordinar a las tendencias sensitivas y apetitivas hacia los principios y hábitos organizados racionalmente, y por tal razón, la imaginación basada en los arranques de altivez, impulsos, arrebatos y caprichos, descortésmente creaba escenas de tratos con odio, repugnancia y hostilidad a ciertas personas.
Entonces el alma para mejorar la supremacía del reino racional puso sus facultades: apetitivas, emocionales, sabias, imaginativas e intencionales, en ejecución y utilizando la energía de la mente, que es el pensamiento, y mediante el espíritu, armó un puente, y se conectó con la Fuente de la Unidad del Proceso del Mundo, a fin de perfeccionarse mediante el Amor a Dios y el Ejercicio del bien.
Tobías Palacios R.
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