Mujeres de espíritu inquieto
Un domingo de junio del año 1957, con mis siete añitos por cumplir, estaba donde mi abuelita, ya no para dar cuerda y cambiar el clavo a la vitrola, si no por la costumbre.
Yo sabía que mi tía panchita y su esposo, un tanto mayor a ella, ya no vendrían a bailar. Mi abuelita, como que no había pasado nada, me contaba que en sus tiempos mozos ella sabía que a los hombres no les preocupaba ser infieles. Engañaban a sus esposas por considerar a la infidelidad vicios de hombres y muy presuntuosos justificaban que el hombre es de la calle y la mujer de la casa.
Y ciertamente procedían con resolución y desembarazo a engañar a su mujer como que se tratara del disfrute más bello del placer humano, dado que, cero culpa, cero complejos, cero problema. Una noche buena o una noche de amor y ¡ya!, y se acabó la historia.
_Abuelita y las esposas que eran faltadas a la fidelidad conyugal que sentían?
__Siempre sentían que su matrimonio se arrastraba dolorosamente por el sopor de la rutina generado por los sentimientos de humillación, la soledad, la edad madura, el miedo a que ya no gusten nunca más a nadie y por la tragedia que tenían que seguir soportando a un marido que les ha puesto los cuernos toda la vida.
__¡Abuelita usted no ha enseñado bien a sus hijos!
__Si. Nietito, Tienes razón, Mis pobres hijos son bien mandados de las mujeres.
__No abuelita, no es por mi papá ni por mis tíos sino por mi tía panchita.
Mi abuelita sonriendo me dijo: __A mi hija le enseñe igual que a mis hijos pero como el esposo le compraba revistas de amor, su espíritu se volvió inquieto y fantasioso y aspiraba una vida de lujo, pasiones y excesos, y a lo que intentó materializar salió maltratada, castigada y defraudada por el espíritu mezquino y la cobardía del hombre al que se entregó creyendo que iba a madurar a la altura de sus sueños.
Y finalmente derrotada por esa realidad sórdida opto por el suicidio.
Pese a que la abuelita estaba fuerte y orgullosa de su hija, viró la cara para que sus reflejos no le delaten su falta de decisión para tirarse al tren, como su hija lo hizo.
Saludos
"Tobypalaciosr@hotmail.com"
Busqué, al igual que otros, el amor afuera para proporcionar a mi vida la felicidad; pero encontré amores superficiales que me hicieron sentir que no era del todo feliz. Confuso persistí hasta que el amar me resultó un acto agotador. Los inquietos igual disfrutaban, alimentando a la desgracia; los pacientes disfrutaban del recogimiento, alimentando a la soledad. Y yo aprendí amar para ser amado, alimentando el nivel de consciencia para consagrar a mi vida la felicidad completa.
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