martes, 28 de junio de 2011

Mis primeras prácticas amorosas

Mis primeras prácticas amorosas

Este es un relato, para exponer la mayoría de los seudoamores, donde las fantasías, las mentiras y las aparencias, son mejores vistas que los palnes a largo plazo.

Ciertos datos de los personajes que intervienen para presentar los seudoamores. El chico llegó a la gran ciudad Guayaquil en 1967 porque escogió como el lugar indicado para vivir y se alojó en el barrio del Estadio George Capwell, el barrio de Alejandra, y las demás chicas: María, Rocio, Azucena, Luisa, Fernanda y Elizabeth, habitaban en diferentes barrios. La escuela estaba por la parte sur del Estadio en la Av. Guaranda. El colegio por la parte norte, dos cuadras antes, en la Av. J.P.Montufar.   
   
Alejandra, mi amor idólatra

Alejandra, por tomar la iniciativa valiédose de su amiguita para hacerme saber que me admiraba, se convirtió en la mujer idolatrada.


Posiblemente por sus aires de elegancia, firmeza y sensualidad, hacía que la vea con las cualidades y factores que le dan belleza a la mujer con exageración, y por tal razón, sus ojos eran de forma almendrada y de color claro, su piel, blanca tersa; la boca roja, pintada cuidadosamente en forma de corazón; cabello, lacio color negro abultado formando un marco a su cara redonda dándole un atractivo agraciado; y su cuerpo de contextura robustecido ideal; de manera que, sentí el deseo y la pasión de idolatrarla.


Cuando se me acabaron las palabras para seguir expresando su belleza lo hice con caricias y abrazos tiernos, de modo que, comencé a trasmitir calor humano, lo que dio vida a nuestros sentidos y reafirmó nuestra compatibilidad. Pero su familia a esa ternura, expresada físicamente, confundió con expresión libidinoso y, para protegerla, arreglaron un cuarto con ventana a la calle y enrejada, al lado de la puerta principal, para que sea el lugar de nuestros encuentros nocturnos, donde le prometí no faltar ni una sola noche.


En las noches iniciábamos la reunión a partir de las nueve y después de conversar lo que nos había sucedido en el día nos besábamos ardientemente, a tal punto que, al terminar la reunión, a las doce, iba borrando el perfil de las rejas de la ventana estampadas en mi cara, para que no me critique mi familia; y, un domingo, en el cine Fénix, nos tocamos, abrazamos y besamos, tranquilos y perfectamente; pero al regresar nos preguntaron el contenido positivo de la película, de manera que, a ella le acusaron de no haber visto la película, por estar entregada a las caricias exóticas de su ardiente, deseoso y apasionado enamorado…


Aquel comentario me llegó a la susceptibilidad que me tocó la parte vergonzante __la falta de estudios, y lo más grave, tenía que terminar el sexto grado de escuela__, de tal manera que, me movió a comprometerme asimismo, a estudiar para no responder como ella: ¡Si quieren saber el contenido de la película, vayan a verla! Y para no faltar al compromiso social garantizado su cumplimiento por la palabra de honor __que no faltaría ni una noche__ tuve que involucrarla a mi familia.


Ella, por gozar de la admiración y alta estimación de todas las señoras del barrio, hizo posible, dentro de la estratificación socioeconómica, mi ascenso social del sector popular, donde se es dirigido por las necesidades, al medio donde las señoras al poder del dinero tenían como elemento de reconocimiento al otro, pero en mi caso utilizaron el poder del del "amor". Cuando logramos permiso para salir a pasear, aunque la familia de ella nos pidió que vayamos a pasear en la calle principal (Av. Nueve de Octubre) de la ciudad, desde el río de agua dulce hasta el del agua salada, nosotros, después de unas cuantas cuadras, decidimos bajarnos del taxi, y caminábamos a nuestras anchas y libremente hacia la principal por la Av. Pedro Moncayo y, después de dar una vuelta por el Parque Centenario viendo las estatuas alegóricas que representan a la superioridad humana y a las que ponderan y engrandecen las acciones de los próceres de la independencia, regresábamos felices por la misma calle hasta cerca de la casa, donde nos subíamos al taxi, para satisfacer los caprichos de su familia. Esto se repitió hasta que le trasmití la decisión que había tomada __estudiar__, y la euforia maravillosa se convirtió en incertidumbre indeseable.


Por idolatrarla yo esperaba su aprobación y apoyo categórico en el estudio, pero por su actitud absorbente, dominante y protectora, adoptaba un aspecto envalentonado y con voz intensa e hiriente, exponía su verdad que me bajaba la moral: __ ¡Si va estudiar, olvídese de mí!
Y no por el estudio sino por la dependencia, ya que, pese a los veinte años no ha alcanzado la independencia, de manera que, no ha superado el patrón de la relación infantil, y por tal razón, sigue en la dependencia y, consecuentemente, en la obediencia a los designios de la familia para alcanzar el éxito. Y esa inmadurez emocional suya le perturba la afectividad social y las relaciones personales y, obviamente, es incapaz de cumplir los compromisos sociales garantizados con la palabra de honor.


Lo que pensé que se trataba, según yo, de una mentira piadosa __que mi familia me exigía estudiar__ resulto, para ella, una verdad intolerante; y, sin embargo, seguía idolatrándola, de manera que, pensé que ella trataba de someterme a pruebas exigentes para su aprobación y apoyo categórico en el estudio. Pero me di cuenta que se trataba de una forma de manifestar el miedo y la angustia por la impotencia en el control, dominio y protección, que le condujo a endilgarme, ignorando su dependencia y percibiendo sutilmente la mía, la reputación de dependiente.Como aquella reputación vino de mi idolatrada, en quien había puesto todas mis expectativas del apoyo categórico para estudiar, sentí desilusión y para superarla debía encontrarme otra.


Entonces tuve que aparentar ausencia de conflictos en la relación y, conscientemente, empecé a manejar la relación con reservas y mucha táctica. En cambio ella estableció relaciones con otros, especialmente, con los futbolistas extranjeros del equipo del barrio, o sea, el Emelec. Tanto ella como yo nos atormentamos a tal grado que una escena desagradable nos liberaba la carga de tensión y miedo. Y entre caricias, abrazos, besos, susurros y malos tratos, siguió la relación hasta que le enviaron a Quito para alejarla de mí y no me quedaba más que hacer el resumen: la relación con mí idolatrada, se inició sorpresivamente, la vivimos amorosamente ilusionada y terminó triste, conflictiva, tensa y desilusionada…


Y en la última oportunidad, tampoco resultó, ya que, me pidió que le acompañe a una fiesta de gala ofrecida por su familia a sus familiares y amigos en un club. Por no saber llevar el terno alquilado me sentía incómodo pero ella le atribuía al desconocimiento de lo que se debe hacer en una fiesta de carácter elevado y serio, lo que, nos llevó a una discusión en voz baja, ya que, para ella valía la práctica y no la teoría, en cambio para mí, la teoría llevaba a la práctica con conocimiento de causa, entonces me acusó de haber aprendido incompleto... Entre tanto bailábamos forcejeamos disimuladamente ya que me obligaba a que le guíe sujetándola fuerte y danzando alocadamente pero yo bailaba de forma rítmica, acompasada y recatadamente, de manera que, me acusó de quedado...


La desilusión sentida debía manejarla y superarla encontrando otra, pero, aunque estaba estudiando( terminando el sexto grado), mis atractivos no eran deseables como para intercambiar con todas las chicas que me gusten…

María, mi amor sentimental

En las noches, rumbo a la escuela me topaba con una chica alta de cuerpo con líneas armoniosas y esbeltas resaltadas por su blusa ligera, falda pequeña y ceñida atrevidamente a las curvas, brazos tonificados y formados con manos finas con dedos largos adornados de anillos y de uñas bien cuidadas, con una carita agradable de tez canela con lunares que por el maquillaje pasaban como pecas, y de contextura más bien gruesa que flaca.


Una noche que iba un tanto atrasado ya no esperaba verla pero la vi comprando caramelos mentolados en la tienda ubicada en la mitad del trayecto y sospeche que estaba preocupada por mí y desde esa noche, aquella tienda era el lugar de compra de los caramelos, de manera que, el vernos nos causaba una alegría mutua.


El hecho de estar terminando la escuela, a mi edad, y el imaginar que ella estaba en un alto curso en el colegio me apagaba el furor vital y excepcional que se necesita para tomar la iniciativa en el entablar nuevas relaciones amistosas, de manera que, preferí continuar con la alegría mutua de vernos.


Pero ella tomó la iniciativa y me preguntó con tanta naturalidad y con palabras normales que me pareció que leyó mi estado de ánimo.


__ ¿A qué se debe esa carita vigorosa y extraordinariamente dichosa?


Esa iniciativa merecía una respuesta romántica, por decir lo menos. O sea, más allá de mi realismo estudiantil insignificante que, obviamente, a mí me generaba la inmensa alegría que reflejaba, ya que, esa noche iba a ser promovido al colegio, de manera que, respondí románticamente:


__Es que su bella presencia me pone en el ánimo la alegría de vivir dichoso__.


El estar en el colegio, aunque sea en primer año, y la experiencia amorosa que tuve con Alejandra, fundamentaban sensaciones para que cobre existencia mental el atractivo deseable que permite acercarse a las mujeres con seguridad.


La diferencia en los años de estudios, ella cursaba el sexto año y yo el primero, no fue el problema que impidió establecer una relación duradera, cariñosa y afectiva, sino nuestro sentimentalismo, ya que, ella pensaba en su amor del pasado y yo en el del futuro. Y además por su puritanismo que bordeaba la mojigatería, no podíamos tener una relación cariñosa y afectiva basados en los avances a la satisfacción sexual mutua, y por tal razón, sucedió un mal entendido al expresarle lo que sentía por ella acariciando y abrazando, sin darme cuenta, toque sus piernas, favorecidas, y con mi pecho presione sus senos, perjudicados, para trasmitir el calor humano, ya que, daba vida a los sentidos y reafirmaba la compatibilidad, pero sutilmente me detuvo argumentando: __Usted va muy apurado y el apuro trae cansancio__.


Además, cuando hablamos de la vida, ella hablaba del pasado bueno y yo del futuro, de manera que, ella se daba sentido de vida presente en función de la vida del pasado bueno y yo en función del futuro agradable, y por tal razón, ella sin escucharme del todo, me acusaba que yo vivía enajenado del realismo presente y entregado a la consideración del futuro que tenía en el pensamiento. Y que aquello era un mal, ya que, el sentido de la vida la encontraba en las fantasías del amor futuro y que, en su proceso real, lo pasaba en un aburrimiento total.


Era cierto que en el presente lo pasaba en un aburrimiento reprimido, ya que, siendo cariñosa, afectiva y sensual, su puritanismo lo hacía ver a mi sexualidad erecta como un momento de vergüenza, inhibición y oscurecimiento cerebral; y me enfriaba y reprimía mis exigencias cuando me decía: __A usted, cuando “eso” (señalando a mi sexualidad abultada) se le endurece, el cerebro se le oscurece.


Aquella situación puritana nos aburría mutuamente, pero un día pensé mejorar esa situación aburrida y, aprovechando que mi compañero, Agustín Robles, me dejó la casa de la hermana bajo mi cuidado, la invite. Cuando llegó, al percatarse que estábamos solos, se llenó de frialdad y pasividad, y sin embargo, permitió que me acerque a que la acaricié pero con extrema suavidad. Y yo, casi con miedo, lentamente, me acercaba a su cuerpo para que sienta mi sexualidad y cuando estaba pegado totalmente comenzó a besarme tímidamente y, luego, apasionadamente con gemidos incontrolados. Lo que me llevó a imaginar que era imposible que no suceda… De modo que, para asegurar su aceptación voluntaria de la prueba de amor le puse a escoger entre la cama o la puerta.


Cuando terminó yo también terminé pero ella, el sexto y yo el primer curso, de manera que, ella se fue a la universidad y yo me quedé en el colegió con otra desilusión amorosa. Al tratar de atribuirlo como un amor me di cuenta que más hubo situaciones conmovedoras por los recuerdos del pasado y por las fantasías del futuro que intensidad y profundidad amorosa.

Rocío, mi amor fantasioso

Promovido al segundo año estudiaba sin problemas y dedicado al estudio. Con algunas compañeras me llevaba muy bien, pero con una, mucho más, por guardarme el puesto.


La compañera estaba muy linda por sus cualidades que le daban belleza: cabello, oscuro tipo lacio con volumen; ojos, con buena forma y colores verdeados; nariz, perfilada tirando a respingona; pómulos, bien definidos; orejas, un tanto pegadas a la cabeza; boca, surcos nasales doble pliegue con labios gruesos y bien formados, dientes alineados y blancos; mejillas, con hoyitos suaves; barbilla, en el centro ahondada; cuerpo, con sus piernas y brazos, proporcionalmente formados en una contextura delgada; con una vestimenta natural, nada recargado; tenía fluidez, en su expresión oral y corporal; trabajaba, en una empresa de beneficencia y se relacionaba con gente de la clase media alta.


De manera que, para armonizar con las impresiones que le había causado, rápidamente adopte un aspecto noble y bondadoso con aires de un hombre atractivo, bien parecido y bien dispuesto, y protector. Y así, para que parezca, como algo mágico, cada encuentro en la clase le trataba con mucha amabilidad y delicadeza; para que perciba que estaba enamorado de ella, le hablaba románticamente, con mucho énfasis, como que los sentimientos fluyesen de lo más profundo de mi ser; para coincidir con los ideales y gustos, le llevaba a la fantasía contando historias amorosas con finales felices; para que sienta que le pertenecía y era, con toda seguridad, solo de ella, le contaba que en mis sueños ella es la principal protagonista de las historias maravillosas de amor; para que reafirmen su atractivo, y me dé el calificativo de ser detallista, le regalaba pequeñas cosas que por serles útiles, lo valoraba como lo más caro y hacía gala del inmenso amor que le profesaba; y para que confirme su capacidad de afectar para lo bueno me abstuve de los vicios, y por tal comportamiento, ella creyó que verdaderamente le había llegado el hombre que ella esperaba.



Cuando me propuso llevarme a su casa para presentarme como su pretendiente me creí inmerecido y hasta dudé que podría corresponder a su amor verdadero que, sin lugar a dudas, era la expresión de la productividad de sus factores sustentadores de su ser maravilloso, de manera que, debatimos el estado de nuestra relación que, según yo, se mantuvo como una relación extraordinaria de compañeros, y según ella, como una relación amorosa supremamente bella.


Cuando le confíe mi proyecto, toda la dulzura, suavidad y delicadeza en el trato se trasformó en amargura, rugosidad y aspereza.


__Esperarlo ocho años, ni pensarlo. Me parece que usted no ha atenido una niñez buena y ha desarrollado tiernamente ya que sigue obediente a las fijaciones impuestas por el tradicionalismo patriarcal, de manera que, debe sacarse de la mente esas fijaciones retrogradas con la desobediencia, como las mujeres que por la desobediencia hemos conquistado la capacidad y los derechos que se consideraban reservados solo a los hombres, y por tal tendencia, la igualdad de derechos de hombres y mujeres es el progreso social__.


__Pensé que se iba a referir acerca de la desobediencia de nuestra madre Eva __respondí con esta argumentación bíblica para frenar su descarga dañina__.



__Me parece muy bien que usted se valga de este personaje relevante de la Biblia, como un mecanismo de defensa, ya que, usted es como Adán en el sentido de su egoísmo. Usted siempre se ha sentado junto a mí como un generoso ocultando su egoísmo que le hace ver a la vida llena de hostilidad, para dejarse llevar a cometer errores para echarme la culpa, igual que Adán: la mujer que me diste fue la culpable…

Azucena, mi amor apasionado

Con el sombrío semblante por las consecuencias de las amargas desilusiones, pensé que asistiendo a la iglesia Dios me ayudaría a restablecer la dulzura de la esperanza y, muy gustosos, me incluyeron para que participe de un retiro fuera de la ciudad.

En Vinces, Provincia de Los Ríos, en un lugar campestre y, entre tanto atendía al programa, me tope, varias veces, con las miradas de una chica, blanca un tanto palidecida; alta, delgada rellenita y simpática; vestía una blusa un tanto descotada con frunces para el entalle de lo bustos, una faldita plisada con caída semirrecta y botas blancas que lucían con los contrastes de los colores azules de la blusa y falda, pero cuando traté de sostenerlas, bajaba la miraba, de manera que en el receso, me acerqué y le dije: __Si vamos a seguir así, no vamos a poder conocernos y tampoco a querernos__. Riéndose, un tanto enrojecida, consintió que yo estaba en lo cierto.

Aunque se la veía jovencita, resulto tener dos años más que yo y vivía en Manta, Provincia de Manabí. Y como estaba en Guayaquil, su familia le incluyó para que asista al retiro para que Dios le ayude a cambiar su suerte, de modo que, esa feliz coincidencia de necesidades afectuosas nos atrajo las miradas.

Me pareció tan poco el tiempo para conocernos, ya que la programación era bastante apretada, que al regreso, en la parada en Babahoyo con fines "hidráulicos", la conduje a la iglesia con el fin de conocernos. Tanta seguridad sintió dentro de la iglesia vacía que, conmovida, se colocó en mi regazo, de manera que, por contenerme no la bese ardientemente. Pero aquellos momentos nos permitieron conocernos un poco más y generaron los afectos para que cobre existencia el querer apasionado.

A lo que salimos de la iglesia nos dimos cuenta que nos habían abandonado y después de conocernos para querernos llegó la turbación y, en vez, de ayudar a buscar la solución al problema lo agravaba... Pero por mi prudencia y experiencia como mochilero junto a mi amigo Pedro Casquete, salí de la ciudad al carretero a pedir el debido "aventón". En un auto flamante, en el gran puente de la Unidad Nacional, alcanzamos a los que nos habían abandonado ya que todos supusieron que nos habíamos fugado. Y me quedé contento por haber solucionado el problema y por la esperanza de amor apasionado con Azucena.

Intenté dedicarme por completo a los estudios, ya que, perdí el contacto con ella y solo la evocaba manteniendo vivo cada instante maravilloso que pase con ella, de tal manera la amaba que, pese a que no recibía contestación a mis cartas, la escribía una carta por semana, pero como no me contestaba, seguía ridículamente enamorado que su bello físico lo veía en otras, y hasta comencé a cantar con pronunciación dificultosa, tarda y vacilante, y trastocando la letra de la famosa canción Yesterday:
Ayer
Todos mis problemas parecían tan lejanos
Y ahora parece como si estuvieran aquí para quedarse.
Oh, creo en el ayer.
De pronto
No soy el hombre que solía ser
Hay una sombra que cuelga tras de mí.

Pero no perdía la esperanza, ya que sabía que Dios tarda en ayudar pero no olvidaba, hasta que llegó una carta enviada por ella donde me indicaba que las veinte cartas le fueron entregadas a la vez por Correos del Ecuador, de manera que, pidió que le envié por los correos Reina del Camino y a domicilio. En todas las cartas siguientes enviadas por ella me expresaba el deseo de conocer a mi familia pero, por vivir en la casa más vieja del barrio, me daba vergüenza. Pero igual, ella anunció que viajaría, de modo que, me dispuse a atenderla como se merecía, los ocho días.

Conocí el lugar donde llegó pero no a la familia, dado que, no quería llevarla a mi casa. Pero ella insistía conocer a mi familia, de manera que, la lleve donde "la tía rosita" quien recibió a su “sobrino” Tobías muy atenta y gustosa, y después de la presentación y bienvenida a casa y por cuestiones de atender a los quehaceres domésticos y para que los jóvenes puedan conversar nos hizo pasar a un cuarto. Cuando ella se percató que aquel lugar era una casa de citas, vinieron las objeciones:
__ ¿Usted que se ha creído, que soy una mujer fácil?
¿Que soy una mujer de la calle?
¿Que soy un objeto sexual?
¿No le parece, que es muy poco tiempo?
¿No nos conocemos aún?
!No puedo, por qué estoy cerca de los días críticos!
¿No, no, no, no?

Confiando en el aprendizaje de la tabla del ritmo menstrual y en la información recibida de ella: estoy cerca de los días críticos, al no, le volví un sí excitante y complaciente. Las experiencias resultaron positivas, ya que, había cobrado existencia amor apasionado que daba el sentido de la unidad excitante y estimulante para llenar el vacío de amor que teníamos en lo más profundo de nuestro ser.

Fuimos al cine Presidente, donde con el pretexto del aire acondicionado, nos pegábamos amorosamente influidos con la sensación amorosa de la pareja protagonista reflejada en la pantalla "Cantando bajo la lluvia".

El último día para reforzar nuestro amor apasionado le participé mi proyecto que me daría el atractivo deseable y el poder para tomar la decisión de casarme para amarla hasta que la muerte nos separe, pero apenas escuchó la fecha del cumplimiento del proyecto, reaccionó menstruando y luego con una protesta: __Lo que pasa con usted es que tiene fijado ese proyecto con ambiciones estúpidas y se vuelve incapaz de amar y ser amado apasionadamente con humildad y la prudencia.
Le reproche acerca de la incapacidad con un tono amistoso y con la intención, sincera, de que la relación continúe ya que ella había fundamentado sentimientos, emociones y sensaciones para que cobre existencia el sentido de la unidad excitante y estimulante que me llenaba el vacío amoroso: __Ninguna incapacidad, solo que el tener relaciones íntimas seguras no me obliga a comprometerme a casar con nadie.

__ De ninguna manera me siento perjudicada solo que debe mejorar sus factores intelectuales para que pueda valorar, en la verdadera dimensión, a una mujer con muchos dones: con el entendimiento necesario para percibir las intenciones de las personas, con el tino particular para evitar que se realicen si no me convienen, con la facilidad de expresión para comunicarme y el buen sentido del humor para pasar un buen momento con el ombre que yo quiero.

Otra desilusión y otra acusación para aumentar la lista: inmaduro, mediocre, narciso e incapaz.

Luisa, mi amor loco.

Las disoluciones amorosas resultaron cargos de conciencia para mí, ya que me enfermaban las entrañas, de manera que, busqué el remedio en el calor humano familiar, dado que, pensé trasladar, la atención que les daba a las chicas incomprensibles, a mi hermana y a mis primas, por qué sospeché que el amor fraterno resultaría esencial para mantener la marcha de mi proyecto, el mismo que asustaba, a las chicas practicantes de la filosofía del aquí y ahora.

Y comencé con la visita a mi hermana en un mal momento, ya que, por hacer los preparativos para recibir a la vecina me dio la atención mínima y como no me pudo persuadir a que me vaya ni que me esconda me hizo prometer bajo juramento que me comportaría bien.

La vecina tenía aspecto de joven madura, de ser tranquila pero tenía miradas sometedoras lo que le diferenciaba de las chicas inmaduras y, obviamente, que las cualidades físicas que dan belleza a las mujeres, ya no mantenían la homogeneidad, pero por su bondad en el trato y el refinamiento en el uso de las cosas era superior y hasta me pareció que estaba al día en la tendencia actual de belleza.
De manera que, el no participar en la conversación me hacía sentir bien y, entre tanto escuchaba, pensaba en lo que dice la gente que hay que cuidarse de las recatadas y, a la vez, me condenaba por mal pensado y, más bien, me puse a buscar una buena forma, para en el momento apropiado, hacer el reconocimiento de su refinamiento.

Entre tanto seguía buscando la forma, basado en los reconocimientos recibidos por la buena impresión que yo creía haber causado a los demás, tuve que enfrentarme a sus miradas, ya que, mi hermana se paró a ver una revista, y por no rendirme, a sus miradas, con su fascinación me indujo a soñar: que ella tenía el tipo de mujer para comportarse como una dama en la mesa y como una prostituta en la cama pero que había que comer callado para repetir siempre sin que nadie se dé cuenta, y como, conscientemente, no sabía cómo dirigirle la palabra, lancé lo que, espontáneamente y creativamente, se me ocurrió: __¡qué pena que no podamos ser enamorados!

Mi hermana pedía disculpas a su amiga y me recriminaba por el atrevimiento, pero ella reflejando su ser social maravilloso en una sonrisa embellecida con unos hoyuelos preciosos, estiró la mano para que la bese y, cuando lo hice, manifestó: __¡tan lindo!

Perturbada por la respuesta, mi hermana, cambio la conversación para hablar del esposo de la vecina, obviamente, para malograrme las esperanzas que pudieron haber cobrado existencia en mi mente durante el desayuno, y mencionó que trabajaba en una empresa petroquímica, que estaba por el Oriente ecuatoriano en comisión de servicio, y que ella no sabía nada de él más de dos meses, de modo que, estaba por llegar en cualquier instante.

Por mi parte hice que aquella información amarga no logré cambiar lo dulce que me resultó aquello de “¡tan lindo!”. Ella por su parte, convenció a mi hermana para que yo la proteja entre tanto transitaría por la zona comercial. Con este aporte, cada uno con lo suyo, se dio la salida.

En los almacenes de ropa cercanos a la Empresa de Correos del Ecuador, se probó ropa en todos y compró en el primero argumentando que las eligió, según ella, por la modernidad, la holgura y por contener motivos decorativos preciosos, pero para mí, parecía que compraba por contradecirme, ya que, cuando me preguntaba: me queda bonito y yo le decía, la verdad, compraba con más gusto.

Después se quejada de su pelo crespo por los rizos y quería meterse a alisarlos. Insistía en pagar la comida protestando: __No es justo que usted haya pagado la comida ya que me correspondía a mí, dado que, me siento en deuda con usted…

Esos cumplidos eran producto de las motivaciones de la buena mesa y el placer de la cerveza, ya que, yo también me volví extrovertido y la veía con las cualidades físicas mantenidas con homogeneidad lo que le hacía atractiva y sensual.

Cuando regresamos, mi hermana no estaba, de manera que, me invito a su departamento. Ella cargaba con las fundas de compras. Y entre tanto esperaba a mi hermana ella se puso todo lo comprado para, con mi aprobación forzada, reafirmar la buena compra.

Después que se probó toda la ropa apareció con un vestido cerrado con una mano, aduciendo que no podía subir el cierre, pero en vez de subirlo lo bajé y observé, a más de su linda espalda ralamente cubierta por los mechones de pelo, sus parte carnosa, redondeada y dividida por el canal que me llevó a los deseos carnales incontrolables donde parecían que los cuerpos, mágicamente, lanzaban las ropas y se ensamblaban perfectamente para hacer giros armoniosos y gratificantes, y a la vez, quedaban colocados frente a frente para las caricias, besos, abrazos y hasta para hacerme recordar mi etapa de lactancia.

Y para que me sienta espectacular, irresistible y codiciado me canto: __Tu boca, tus ojos y tu pelo los llevo en mi mente noche y día, no me pidas que te deje de quererte después que te entregué la vida mía...

Luego me entregó una nota escrita: Tú eres mi loco amor, ya que, tú hiciste posible que yo tenga sensaciones, emociones y sentimientos tiernos, expresivos, vertiginosos, solicitantes, insaciables, bárbaros, atormentadores y raros como nunca antes jamás.

Por estar consciente que fui locamente utilizado y que la vida con ese tipo de motivaciones y sentido solo sirve para saciar las ansias irresistibles de un festejo sexual largo, abundante y satisfactorio, no me salía ninguna declaración de amor para corresponderla a su pasión.

Y como no pude decir palabra, me dijo: No te preocupes que los cobardes son incapaces de manifestar amor, ya que, el corresponder está reservado para los valientes…

Con esta experiencia en desilusiones, pareció que entendí que los goces de la pasión cuplían el requisito de satisfacer las exigencias del corazón y de los deseos humanos con un deslumbrante "amor" que nos convertía en unos seres que alcanzabamos una intensidad de vida casi sobrehumana, y al mismo tiempo una una vida aterradora, que nos hacía profundamente desgraciados.


Fernanda, mi amor valiente


Dejé de ir donde mi hermana, por obvias razones, y fui a visitar a mi tía, donde me presentaron a mis primas y, ellas, a una amiga de nombre Fernanda con quién, posteriormente, comencé contando de mi proyecto y luego mis desilusiones…

Con una sonrisita encantadora, propia de una chica desenvuelta, serena y tranquila, supo decirme:

__Por su proyecto en marcha, se le ve algo atractivo, por las experiencias con las mujeres, poquita cosa. Parece que se ha metido con mujeres que se han cruzado por su camino y, sin conocer, las ha querido.

__Bueno, mejor le digo que, por simpatía, me enamoré y, por fe, las quise. __ Desaprobé su criterio, un tanto serio, para defender mi honra y las de las chicas, ya que, aunque incomprensibles, eran de segura reputación.

_Uh! Para usted, la dulzura del amor parece que le esta negado, ya que, ignora las reglas de oro del amor: para quererse primero hay que conocerse y no por fe, sino por la contemplación de sus virtudes. __Diagnóstico manifestado con alegría, ligereza y con un reflejo de bravuconada en los ojos.

__No es así. __contesté con un ánimo un tanto serio__. Pues todas me han dado mucha dulzura, solo que me han desilusionado por no entender el atractivo de mi proyecto.

__Ahí está la causa, __refutó un tanto cómica y con cierta malicia__ ya que, usted busca la dulzura en el cuerpo de la mujer y cuando le toca retribuir, justifica en función de su proyecto.

Por su forma enfrentadora la veía que minoraba su atractivo, a tal punto que, hasta me di cuenta que en su cara había acné frecuente, copioso y en partes voluminoso. Y estos embates me socavaban el dominio propio, a tal punto, que me volvía muy serio.

__No, no es así. __ me esforcé para demostrar que mi carácter del querer estaba basado en las dulzuras salidas del alma y no del del cuerpo__. Mi querer se basa en una facultad del alma más elevada que el apetito.

__Me puede explicar acerca de aquella facultad del alma. __Preguntó de tal forma que me pareció que me estaba poniendo a prueba a mi seriedad, a ver si era siempre o solo cuando la situación lo requería__.

__Bueno, yo siempre actúo, frente a una mujer, __contesté, sin querer hacer chiste de todo, pero con cierta comicidad, para que se ría__ primeramente, con buenas intenciones.

__Pero, en la forma que ha actuado con Azucena y Luisa, se nota, más los malos apetitos que las buenas intenciones.

Cuando caí en cuenta que esta chica estaba envalentonada defendiendo a las mujeres puse a funcionar mi buen humor para hacerle reír y logré que me hable de sus aspiraciones, aunque, descubrí que para sus aspiraciones “yo era muy poca cosa”, dado que, esperaba al hombre atractivo, bueno y bello.

De modo que, delicadamente y muy respetuoso le expresé mi admiración y estima por sus ambiciones nobles y, a la vez, le hice bromas basadas en su edad, en su mala suerte y en la suerte de los feos y, además, dando a entender cierto interés que me gustaría tener el placer de entrar en su vida, me puse a su orden, siempre y cuando, me avisara con anticipación.

Como nunca me avisó, me valí de mis primas, para en grupo, ir al cine. Ya que, trataba de indicarle que seguía sin enamorada. La trataba caballerosamente como una prima más hasta que me entregó una notita: el lunes entro al preuniversitario. Salgo a las once y me van a recogen a las doce. Cuando se hizo costumbre nos comportábamos como enamorados, ya que, el encanto del amor estaba con nosotros y con pequeños detalles en el comportamiento parecíamos nacidos el uno para el otro y para disfrutar de las cosas bellas de la vida.

Discutíamos envalentonados a morir en la calle como que solo existíamos los dos pero volvíamos a entrar en buenas, cerquita de la dulcería. Y compramos helados y le daba del mío y ella me dada el de ella. Pero un día que estábamos juntitos como pajaritos dándonos piquitos entró el papá, la mamá y un hermano, más o menos de mi edad pero bien sorprendedor y, sin tomarme en cuenta, la humilló pidiéndola explicaciones, la llevó al carro y la alejó de mi presencia...

Este incidente al principio no me molestó, pero cuando ella me explico que su hermano le hacía la vida imposible diciéndola: cuidado te voy a volver a ver con ése careniño, me disgustó y hasta me sentí perjudicado, ya que, me parecía que de hombre equivocado me había elevado a hombre indicado. Y le molestó, a tal punto, que tuvo que, valientemente, abandonar la casa de sus padres para irse donde su tía que vivía en Urdesa (barrio del Norte y de pudientes económicamente).

Perturbado angustiosamente me llene de inquietud y pensé que se trataba de una manera, ultrajante con barbarie, de separarme, de manera que, tenía que luchar valientemente por ella.

Cuando le conversé a mi amigo Pedro Casquete, se complicó la situación, dado que, armó la estrategia para que yo pueda pelear sin ser atacado por sus amigos del barrio o por los familiares, y por tal razón, debía suceder la pelea. Pedro y sus doce amigos me llevaban por la calle, como a boxeador que llevan al cuadrilatero, indicándome la estrategia de la pelea para liquidarlo en el menor tiempo posible:

• Considérate el peleador callejero más cruel y el más loco en el mundo y al él como algo para destruir.
• Tienes que verte en el papel de un gigante enojado con una actitud de total ferocidad.
• No importa lo que te haga, recupérate y grítale: te voy a destrozar la cara.
• Golpea, codea, escupe y patea de una manera despiadada, pero mantén la guardia.
• Entre la guardia tira los puñetazos rectos con la izquierda y con la derecha, los ganchos de izquierda y derecha…
• Y cuando te digamos terminó la riña, retírate de la escena como sea, no esperes que te feliciten.

Cerca de llegar a las calles Lizardo García y Colombia(parte Oeste), me enviaron solo a buscarlo y me pidieron que, en cinco minutos o a la voz de corre, abandone el lugar a como dé lugar para evitar que los del barrio me retengan como garantía para obligar a los padres de ellos a responder por daños y perjuicios.

¡Ay Dios! Cuando avanzaba sólo avergonzado y confuso a buscar pelea, pensaba, más que en pelear, cómo evitarla, y luego pensé en el dolor que iba a tener que soportar después de la pelea, y cuando divisé al adversario, pensé en que el dolor pasa y el orgullo queda…

Al llegar me reconoció inmediatamente y señalándome y gritando __éste es el culpable…__ puso en alerta a los que estaban en la esquina preparándose para jugar pelota. De manera que, todos se vinieron a hacer el ruedo, y entre tanto, gritaban: pégale con toda la crueldad, barbarie y ferocidad para que le rompas la cara…

A lo que hicieron el ruedo, un tipo me empujó hacia adelante para que mi oponente me gane el primer golpe, pero me agaché, de tal forma que, él pegó al aire y yo al estomago con un certero cabezazo. Enderezándome como pude y haciéndome para atrás logré empujarlo y me puse en guardia. Me defendí, de un ataque rápido, con los puñetazos rectos a la cara de izquierda y derecha y con los ganchos a las costillas. Él para no dejarse golpear me agarró con los brazos y a lo que le comencé a pegar por encima de los hombros, sus amigos, gritaron que le afloje para que se defienda, siendo él quien me sujetaba. Ellos cuando me apartaron me dieron codazos, cabezos, pechazos, pisoteos, escupitajos, malas caras y palabras soeces, aunque disimuladamente, pero me ablandaron la fuerza.

Cuando me lancé sobre él, con las fuerzas últimas que me quedaban, logré lanzarlo al piso, y algunos entre tanto gritaban: déjalo que se pare para que se defienda__ me jaloneaban y me empujaban. Y no me quedo más que obedecer ya que el miedo y la angustia aparecieron primero que mis amigos. A lo que se levantó me atacó velozmente y me tiro al piso, y en vez de: déjalo que se pare para que se defienda, le gritaban destrúyelo y termina con él.

Pero de pronto mis amigos me pararon y me pusieron frente a mi oponente y a medida que peleaba veía que todos peleaban también y a la voz de: la policía, todos me abandonaron y, milagrosamente, con las justas, logré ponerme a buen recaudo...

En el barrió les reclamé que se habían tardado en protegerme. Y me supieron decir que se trataba de sorprenderlos en el favoritismo a los seudo-árbitros que controlaban el cumplimiento de las normas de la pelea de caballeros.

Tranquilizado y dichoso, aunque un tanto agigantado con el orgullo por haber defendido valientemente a mi amor, creía reflejar las cualidades de un protector que, caminando con pasos firmes y con los brazos un tanto abiertos, me acercaba a la mujer que iba a premiarme por el esfuerzo eficaz puesto, extraordinariamente, en el acto realizado en su defensa, pero, en vez de premió, me castigó diciéndome que era bruto. Y lo que comenzó cómo que ningún sentimiento iba a intervenir en nuestra relación, terminó cuando me dijo: adiós mí amor valiente y gracias por los momentos de felicidad inolvidable.

Y por lo tanto me quedé otra vez con otra desilusión y con otra reputación: inmaduro, mediocre, narciso, tonto, cobarde y bruto.



Elizabeth, mi amor ciego

La vida continuaba su tránsito por una pista clara oscura, ya que, la esperanza en mi proyecto era la claridad que me orientaba y el desengaño amoroso, la oscuridad que me despistaba.

Al darme cuenta que existía un problema en la situación amorosa, dado que la cuestión de encontrar a la chica mediante la simpatía, compatibilidad e intereses románticos, siempre terminaban en desilusión, de manera que, trate de encontrar la solución. Y como no encontré, busqué a mis padres para amar y ser amado, pero mi padre falleció y mi madre prefirió vivir sola.

Andaba desmoralizado, dado que, la luz de la cordura no levantada la moral debido a la oscuridad aplastante del delirio. Para superar la necesidad profunda generada por la soledad amenazante con la locura, faltaban siete años para cumplir los treinta y dejar de ser un “don nadie”, obviamente, sin ser un “gran cacao”, pero podría ofrecer, ya no un proyecto sino, por lo menos, lo indispensable para la vida digna de la mujer que quiera casarme conmigo, pero no quería que me suceda como a los que prometen el amor incondicional con entusiasmo y, por falta de los bienes materiales, terminaban, también, en desilusión.

Entonces comencé a pensar que Dios me puso en tal situación ineludible por ser inteligente y que me cuidaba con los ángeles, y que me ayudaba con la inocencia de los animales y la asencillez de las plantas, para que siga con mi proyecto... 


Como había comprobado que las chicas no estaban dispuestas a quererme por mi proyecto, decidí dedicarme al fútbol. En aquella disciplina deportiva conocí a varios amigos y entre ellos estaba el que me presento a su enamorada que, por simpatizarnos, me invito a su casa a recibir a la navidad. Después de los abrazos y parabienes conocí a mi amor ciego. Y como logré que se perciba "la pareja sensación", me invitó a la fiesta del fin de año.

Iniciando el año nuevo con sentimientos, emociones y sensaciones nuevas para que cobre existencia la esperanza de lograr nuevamente la, tan ansiada, relación amorosa, aunque sabía que duraría solamente hasta que se entere de mi proyecto, sin embargo, produjo efectos capaces de modificar mis facultades críticas, de manera que, las situaciones que antes parecían insignificantes tomaron importancia, ya que, mis sentidos pusieron en el ánimo el estado afectivo, a tal grado que, estaba impresionado vivamente y con un interés expectante en la nueva chica.

Recocí estar bien enamorado cuando sorpresivamente el color gris, impreso sobre la capacidad de representación de las cosas, tomo color rosa; y de desganado tome la forma interesada de buscar la belleza en las cosas y de intratable tome la forma de gentil, delicado, correcto, considerado, atento y respetuoso. De manera que, inicie, tratándola como a una virgen; luego, como a princesa; y posteriormente, como a una reina.

Como no tenía que ofrecer en este mundo, le propuse un mundo para los dos. Y como no sabía comportarme como los chicos que estaban con la última moda lo hacía como un caballero. Y, finalmente, como no tenía para un anillo le propuse intimidar como una prueba de mi amor ciego por ella.

Pero ella por sus cualidades interiores, que le daban capacidad de firmeza en sus facultades críticas, transformaba a mis impulsos sexuales en motivos sociales positivos y objetaba mis proposiciones sugiriéndome conocernos profundamente en base a seguir siendo auténticos y capaces de estructurar las buenas relaciones interpersonales. Pero me parecía que ella sentía y comprendía mis emociones como que fuesen de ella misma; y por este parecer y por sus cualidades exteriores, que le daban belleza y libidinosidad, me interesé en conocerla profundamente; y, acompañado de súbitos acercamientos, le proponía derrumbar las barreras que nos separaban para conocernos hondamente y me respondió con una despiadada cachetada.

Pero ella seguía con aquello de que: __Ya es tiempo de que pase del estado del instinto al del conocimiento, de conocer para aprender, de comprender para saber, de, de, de y de. Y por coraje le presenté mi proyecto: terminar los estudios secundarios a los veintisiete, conseguir un buen trabajo, comprar las cosas indispensables y luego el matrimonio.

Como sabía que a ninguna chica le gustaba mi proyecto y que a Elizabeth tampoco le gustaría, me hice al dolor y hasta imaginé que con ella más que buscar el amor buscaba sanar la mente, ya que, apareció cuando iniciaba en el deporte. Y adoptando el bien parecido de un “niño bien” trate de mantener el atractivo para recibir el rechazo.

Y otra desilusión no se dio, dado que, se unió al proyecto pero poniendo lo último como primero bajo la promesa ante el altar de serle fiel hasta que la muerte nos separe, proteger y cuidar en la salud como en la enfermedad, ejercer la autoridad en casa sin someterla y tratarla bien en la riqueza como en la pobreza...

Y al pasar el tiempo comprendí que la relación no funciona con estos amores generados por la simpatía(primera vista) sino por los amores generados por la actitud del carácter maduro que se presenta en diferentes formas: Amor a Dios, Amor a la Naturaleza, Amor a uno mismo, Amor Maternal, Amor Paternal, Amor Fraterno y Amor Erótico,  

Tobías Palacios  

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